LOS ANGELES – El amargo sabor de la derrota sera el que se lleven los Lakers desde Florida.
En la que fue quizas la actuacion mas solida de la gira de carretera, por rival y funcionamiento, los Lakers cayeron agonicamente el miercoles ante Orlando Magic gracias a una canasta milagrosa de Nikola Vucevic que apenas vencio al reloj.
De esta forma los Lakers se encuentran con marca de 1-7 tras perder un juego en el que quizas merecieron mejor suerte.
Mas que buscar culpables, lo mas sensato aqui es resaltar que el equipo dio la cara y que se vieron mejoras paulatinas tanto en lo colectivo como en lo individual.
Los Lakers limitaron al Magic a un 40.0 por ciento de cancha, pero la diferencia estuvo en que estos tuvieron 21 intentos mas al canasto, producto de unos indefendibles 23 rebotes ofensivos. Alli, los Lakers terminar desperdiciando una buena noche ofensiva (49.4 por ciento) al descuidar uno de los fundamentos mas basicos del baloncesto.
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La realidad fue que Roy Hibbert hizo su trabajo (tres tapones, seis rebotes, 15 puntos), y las rotaciones muchas veces lo acompanaron en la primera instancia, pero una vez que el gigante de Queen’s estaba en el aire la segunda linea defensiva desaparecio. Una y otra vez los Lakers se quedaron mirando el balon y asi fue que Orlando pudo en muchas ocasiones disfrutar de posesiones de dos tiros o mas.
Los 19 puntos de segunda jugada de los locales, una minima ventaja en la linea de tiros libres (donde los Lakers tuvieron 0 intentos antes del entretiempo), y buen cuidado del balon (apenas ocho perdidas) les alcanzo para superar su poca punteria desde la cancha y una magra produccion de puntos en la pintura (32).
Alli fue donde los Lakers dejaron pasar otra gran oportunidad, y donde se vio desperdiciado el que fue quizas el mejor partido de la corta carrera de D’Angelo Russell.
El juvenil salio agresivo desde el primer minuto, encestando un triple a segundos del salto inicial, y termino la noche con 14 puntos, seis rebotes, tres asistencias, un robo, una tapa y tres perdidas en 31 minutos. Quizas lo mas destacable es que Byron Scott lo premio con la oportunidad de cerrar el partido en cancha, aunque la ultima oportunidad de los Lakers para ganar el partido terminaria siendo para Lou Williams.
Russell aprovecho la tempranera partida de Victor Oladipo – fuera por sintomas de conmocion cerebral a los 7 minutos de juego – y pudo establecer buen ritmo, y un solido equilibrio entre anotar y repartir. Sus porcentajes acabaron siendo pobres (6/15 de cancha), pero en general lucio bajo control.
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Quien tambien brillo fue Larry Nance, Jr., seguramente la revelacion de esta gira y alguien que se esta ganando un puesto importante en la rotacion de Scott. El ala-pivot, ademas de su defensa intensa y su energia incansable, le agrego mucha punteria a su repertorio, encestando el tiro que tanto practica en El Segundo. El novato termino 6/6 de cancha para 13 puntos, con un triple y un par de dobles largos incluidos.
A este se le suma el buen aporte de Marcelo Huertas – cinco puntos, tres rebotes y cinco asistencias en 10 minutos – y la tipica produccion de Williams y Nick Young, quienes juntaron 23 entre ambos.
El ultimo parrafo es para Julius Randle, quien se hizo cargo de la ofensiva en los momentos candentes del cuarto periodo y no decepciono. El ala-pivot forzo su camino hacia el canasto, y para abrirse espacio tambien lastimo con su tiro de media distancia.
Fue otra buena actuacion para Randle, y su planilla muestra que puede ser letalmente ofensivo y versatil cuando se aplica: 12 puntos, ocho rebotes, cuatro asistencias, una tapa y 0 perdidas, disparando 60 por ciento de cancha. Es practicamente imposible pedirle mas que eso dentro del contexto en el que se encuentra esta temporada. Randle jugo e hizo jugar, y brillo bajo presion, algo ciertamente ilusionante de cara al futuro.
Los Lakers ahora viajaran a Texas para culminar esta gira de carretera, y alli visitaran a Dallas Mavericks el viernes por la noche, con la firme idea de construir sobre los solidos cimientos sentados el miercoles, y de corregir las falencias que los llevaron a irse con las manos vacias.